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miércoles, 15 de marzo de 2006

Sobre el proceso de jabón en caliente.

Enviado el Miércoles, 15 marzo a las 18:01:53

mendru escribió
"Me gustaría contaros que mi experiencia en el proceso en caliente es muy amplia. Sería un mentiroso si lo hiciera. He hecho muchos experimentos y he leído todo lo que he encontrado al respecto y con esto creo que tengo vuestro permiso para contaros que tal me ha ido.

Para empezar, al menos para mí, este proceso es mucho más engorroso que el proceso en frío. Si me he decidido a probarlo, es por que he leído a ciertos autores que aseguran que la calidad del jabón es equiparable a la del proceso en frío y he visto que los expertos en fabricar jabón en frío aseguran lo contrario. Como soy un chico muy curioso quería saber quién tiene la razón.

El jabón en caliente tiene dos ventajas principales: La una es que no hay que esperar (o hay que esperar muy poco) para poder usarlo. La otra es que una vez finalizado el proceso de saponificación, le podemos agregar colorantes, aromas y aditivos sin miedo a que se nos echen a perder.



También tiene dos inconvenientes principales: El uno es que al ser mucho más pegajoso y espeso que el jabón en frío, es más difícil que quede compacto y amolde correctamente. El otro es el considerable gasto energético (que la cosa está muy mala).

Si más preámbulos (que me entra persianitis), pasemos a explicar cual ha sido el proceso de mi último experimento.

Cogemos los ingredientes como si de un jabón en frío se tratara, a diferencia que en este caso no vamos a aplicar un sobre-engrasado (de momento). Si no eres iniciado y no has leído mi artículo anterior, te lo recomiendo.

Para este último jabón he usado los siguientes ingredientes (se pueden usar otros, claro):

350 gr aceite de semillas (esto es otro experimento, tiene una alto contenido en oleico)

100 gr aceite de coco (confiere dureza, limpieza y espuma)

66 gr sosa cáustica (0% sobregrasa en principio)

175 gr agua (aprox. 27% concentración)

Tomadas todas las medidas de seguridad necesarias procedemos a la saponificación del jabón hasta el punto de la traza. Una vez aquí, cocinemos.

Para cocinar el jabón existen (que yo sepa) cuatro métodos:

Al baño maría, con una doble olla que impida el contacto directo con el fuego.

Al horno, que se supone el método más eficaz por la homogeneidad del calor.

A fuego directo, que no recomiendo por que se puede quemar.

Al microondas, leí a una señora que decía poderlo hacer así en 15 minutos. Como no me gusta ese aparato, tampoco os lo recomiendo.

En mi caso, he usado el baño maría. Cuidadín al remover ya que si la olla de dentro se mueve, puede salpicar agua hirviendo. Se puede ajustar con unos tapones de corcho para impedir este movimiento.

La historia es poner a hervir el agua pero no mucho, un hervor suave. Y durante dos o tres horas mover sin parar. ¡Que no, que es broma! Hay que mover al principio hasta alcanzar una buena homogeneidad y viscosidad (que esté espeso) y después taparlo con la tapa de la olla (no hermética).

Transcurrido un rato (20 – 30 minutos) puede darse una fase de separación. Es decir, el jabón aparenta cortarse y separarse los aceites de la lejía. Don’t worry. Es normal. En este caso hay que remover enérgicamente hasta volver a alcanzar la homogeneización. En mi último experimento (a partir de ahora el Nuevo), esta fase no se ha dado. Don’t worry. Es normal. Si no se da, remover igualmente para distribuir bien el calor. Volver a tapar y esperar otros 20 minutos.

Si todo ha ido bien, deberíamos de estar en la fase de gelificación (que sí es obligatoria). Al destapar, el jabón debe de parecer gel espeso, traslúcido, más oscurito de lo normal y tirando para ambarino. Seguimos removiendo cada 15 minutos más o menos.

Después viene la fase de burbujas de champagne, que no se quien habrá sido el cursi que le ha puesto el nombre. La cuestión es que aparecen unas burbujitas en suspensión en la masa gelificada.

Seguimos removiendo cada 15 minutillos y ahora destapado todo el tiempo. Con esto conseguimos que lentamente se vaya evaporando el agua superflua.

Transcurrido el tiempo necesario pasamos a la siguiente fase. Este tiempo depende de lo caliente que estuviera el agua, del tipo de olla que usemos y de otros factores. En total el proceso dura de dos a tres horas.

La última fase es la FPP, fase puré de patatas. Bonito nombre ¿eh? El caso es que cuando al remover el jabón presente ese aspecto (smashed potatoes) se supone que ya está terminado. En mi caso me gusta verificar el pH con las tiritas (es un método muy económico y seguro). Diluyo una pequeña parte de jabón en un poco de agua y mido. Voila, pH 9.

Ahora es, para mí, el momento de sobre-engrasado. Le agrego 10 gr de aceite de clavo y 40 de oliva virgen extra con los siguientes aditivos diluidos: extracto de avena (4 ml), 20 gotas AE jazmín, 3 gotas AE geranio y media cucharilla de cúrcuma (para colorear). Esto debería de sobreengrasar aproximadamente un 10% el jabón. Al hacerlo así, aseguramos que el aceite que queda “libre” es el que queremos.

Ahora viene lo peor del proceso en caliente. Los que solemos hacer el jabón en frío odiamos este momento. La pasta de jabón caliente es mucho menos fluida de lo deseable. Ponemos en el molde la pasta cubrimos con papel de horno o de nevera y presionamos para intentar evitar huecos de aire en el jabón. Lo golpeamos, insultamos y todo eso y lo dejamos enfriar unas horas.

Esto se puede evitar mediante la adición de Sodium lactate (SL), que no se como se traduce, y se usa para conseguir una pasta más fluida, con lo que facilita el removido y vertido en moldes. O con carbonato potásico, que sirve para lo mismo que el SL. No he probado con ninguno de los dos.

En teoría este jabón ya se puede usar, pero en función de la cantidad de agua que hayamos usado y de la cantidad de esta que se haya evaporado, obtendremos un jabón más o menos duro. Si es blando, habrá que dejarlo secar unos días. Algunos autores lo recomiendan en cualquier caso.

El jabón en caliente ofrece la posibilidad de introducirle determinados elementos una vez saponificado:

Borax: Es una sal natural que se puede utilizar en pequeñas cantidades para ablandar el agua. Esto produce jabones más espumosos y limpiadores. Excepcionalmente se puede usar desde el principio para acelerar la saponificación.

Ácidos: con idea de reducir un poco el pH podemos agregar ácidos en pequeñas cantidades. El ácido bórico o el cítrico son buenas posibilidades. Además son conservantes.

Vitamina E o Germen de trigo como conservantes.

Extractos de Avena o própolis o cualquier cosilla que se nos ocurra que puede beneficiar al jabón o a tu piel.

No tengo unas medidas definidas para estos componentes. Habrá que experimentar.

Ah, mi opinión es que el proceso en caliente produce un jabón tan bueno como el frío pero más feo.

Muchas gracias a todos por los comentarios tan agradables. "

3 comentarios:

Yolanda dijo...

Hola mendru, pues te cuento que en lo personal me gusta mas hacer el jabon en este proceso, porque tardo menos en disfrutarlo, el problema es ese que mencionas que no es muy fluido como en el frío, pero en una ocasión me quedó tan fluido y de una muy buena consistencia que no se que pasó pues lo sigo haciendo igual, son detalles yo creo del proceso.
saludos

mendru dijo...

Si lleva algún tipo de sal siempre es más fluido. También el que esté muy caliente influye mucho.
A mi también me gusta este proceso, al contrario de lo que pudiera parecer es más tranquilo y predecible que el otro.
Gracias por tus comentarios.

abuela digital dijo...

A qué te refieres con aceite de semillas? Soya,ajonjolí, cuál?